El señor Bertrand Russell publicó un texto llamado Is there a God? en 1952 donde cuenta esta historia tan fascinante para muchos que hay que traerla a colación. Dice que de pronto alguien te expresa que hay una tetera de porcelana flotando alrededor del Sol. Lo más oportuno sería pedirle a ese alguien que te la muestre, pero ese alguien te dice que es demasiado pequeña y que aún con el telescopio más poderoso sería imposible verla. Lo que dice tu interlocutor es bastante chafa, pero no tienes manera de demostrarle que no hay una tetera flotando en el espacio. Huelga anotar que él tampoco tiene pruebas y que se enteró de ella por que otros se lo confesaron y está convencido de que existe. ¿A quien corresponde presentar las pruebas de si la tetera existe o no?
Si me dices que hay fantasmas y me pides que compruebe su existencia o no existencia es absurdo. Tú que afirmas demuestra y ese "fantasmas" puede cambiarse por platos voladores, brujas, monstruos del lago Ness, pies grandes y dioses. Cabe pues, que la carga de la prueba es de quien afirma y no del que niega porque lo que puede afirmarse sin pruebas puede negarse sin pruebas que resulta ser el principio de Escepticismo.
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