Siendo Damocles un adulador de la corte de Dionisio I y habiendo propagado la fortuna del rey por estar en tal disposición de poder y munificencia, de riqueza y soberanía, llegado al rey tal argumento le ofreció al peripato un día de gozar tales poderes y bendiciones y le invitó a un manjar opíparo de aquellos que Damocles siempre apreciaba, pero secretamente colgó una espada sobre el asiento que aquel ocuparía unida con tan sólo un pelo de crin de caballo. El adulador al darse cuenta de lo que pendía sobre su cabeza, perdió el apetito y las ganas de ser rey por un día. No nos cuenta si aprendió la lección y es probable que sea más una leyenda que una anécdota, pero nos queda claro como mostrar los peligros que se ciernen sobre el detentor de las responsabilidades.
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