No sabemos si leyenda o no, lo que sabemos del sabio Galileo Galilei, es que a la temprana edad de 24 años, ya era todo un científico reconocido y que sus excentricidades ─válgase para su genio─ le acarrearon no pocas frustraciones. Una de las más comentadas es que la iglesia le encomendó demostrar la falsedad de la teoría Heliocéntrica y regresar las satisfacciones de creador del centro universal, al dios creador de la tierra. Galileo apuntó su telescopio al cielo y corroboró la teoría Heliocéntrica en vez de la encomendada por el clero y luego publicó sus resultados en el "Sidereus nuncius". La iglesia lo llamó a cuentas y le hizo retractarse de su libro y le confinó, en teoría, a una cárcel, pues le dio casa por cárcel, conmutando la pena de muerte que le correspondía por su atrevimiento. Dicen que Galileo se retractó de su locura antigeocéntrica y luego, a manera de concluyente ironía ─aunque dicen que en voz baja─ terminó diciendo: "Eppur si muove" (Y, sin embargo, se mueve).
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