Este otro cuento tiene la misma historia que el mito del eclipse. Aquella profesora amante de la lectura a quien llamábamos Lulú, lo llevó en una hoja que perdí y su memoria me fue devuelta en una epifanía. Pido igual disculpas por deformarla y ayuda para saber de quien es.
No hará más de 500 años llegó a estos puertos, de tierras lejanas, un español cubierto de una dura capa brillante que hablaba de un dios único que a todos protegía y quería. Fue recibido y fueron recibidas las enseñanzas que hombres con tonsura les impusieron y se maravillaron con un dios que resucitó a los tres días e incluso adoraron a esos hombres de plata y les llevaban en comitivas por las nuevas tierras. Un día que atravesaban un río, el jefe indígena dio la orden de ahogar al predicador y luego de que le sacaran muerto a la orilla, dio la orden de que un grupo de hombres vigilara el cadáver por tres días y que si resucitaba volviesen a matarlo.
De nuevo, lo más importante acá es la verificación científica.
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