Desde el siglo XI y hasta principios del siglo XIX, se desarrolló en Francia e Inglaterra una ceremonia por la cual los reyes, a los que se creía dotados de un don divino hereditario, por el tacto de su mano podían curar las escrófulas, nombre que ha correspondido a la linfoadenitis tuberculosa. Guillermo II de Orange, desconfiaba del poder real de curar las escrófulas y cuando un día accedió a hacerlo dijo: "dios os dé mejor salud y os haga más razonables"
Citado por Freud en Tótem y Tabú.
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